domingo, 26 de agosto de 2012

Trabajo domestico.


“Cuando el capital paga al marido obtiene dos trabajadores no uno”
                                                                                              Selma James.
            Imaginemos una cena burguesa: los maridos hablan sobre producción, las esposas sobre consumo. En esta imagen los hombres son asociados con crear valor y las mujeres con gastarlo: de cada uno de acuerdo con su habilidad, para cada uno de acuerdo con su necesidad. Cada marido tiene una imagen rutinaria sobre su esposa usando su dinero ganado duramente, en que, no lo puede imaginar.
            Pero ¿Cómo podría las economía funcionar sin todo el trabajo de la amas de casa impagado? Los empleadores han de compensar a sus obreros por su trabajo, pero nadie compensa a las amas de casa por todo lo que hacen para producir y preparar trabajadores. Ellas cargadas con el cuidado de los niños, cocinar, limpiar, y mantenimiento de la casa tienen que depender de la caridad de los ganadores del sueldo – una condición que a menudo las atrapa en relaciones abusivas – o convertirse en ganadoras de sueldo ellas mismas.
            Sabiendo que las mujeres se encuentran techos de cristal en sus trabajos y se espera de ellas que hagan la mayor parte del trabajo en casa, emplearse no ofrece ningún alivio. Millones de mujeres tienen que trabajar por sueldos más bajos de los que reciben los hombres en el mismo empleo, después llegan a casa para un segundo turno de trabajo impagado haciéndose cargo de sus casas y familias. A este segundo turno podemos añadir un tercero de cuidado emocional, mediación de conflictos y sexo, que son a menudo desproporcionadamente trabajo por cada parte de diversión.
            Tan seguro como que el capitalismo se aprovecha del trabajo de los obreros, estos se benefician de este trabajo domestico gratis. Imaginemos que tienen que pagar por estos cuidados, crianza, cocina y limpieza por cada uno de esto empleados. Así la esclavitud de los sueldos se ha probado más sostenible que la esclavitud cautiva. porque impone estos costes directamente sobre los esclavos del sueldo, es más barato para los patronos dejar todas estas actividades a las familias de los trabajadores.
            Este beneficioso estado de las cosas es mantenido por una red de instituciones políticas y sociales que dividen el trabajo entre pagado y no pagado, entre productivo y reproductivo. El rol de la ama de casa se perpetua por las leyes y costumbres que sistemáticamente tratan de sacar a la mujer de la vida publica y le niegan el acceso a los recursos. Algo de esto puede ser observado desde hace cientos o miles de años. El capitalismo no es el sistema más antiguo que genera desigualdades en el reparto del poder, ni el más importante; se desarrollo sobre los cimientos dejados por el patriarcado y otras jerarquías. Es imposible luchar contra esto por separado: un anticapitalismo sexista todavía creara desigualdades en el acceso al capital, así como el feminismo capitalista impone las cargas de la explotación solo a las mujeres más pobres.
            Hablando de ello, muchas mujeres ganan su dinero cuidando de niños y haciendo trabajo domestico – pero no por cuidar de sus propias casas y familias. Las madres de clase trabajadora a menudo tienen que pagar la mitad de su sueldo para obtener cuidados de baja calidad para sus hijos mientras ellas cuidan a los hijos de los ricos. Gracias a los movimientos para la liberación de la mujer de los años sesenta y setenta, más mujeres de clase media pudieron entrar en el mercado de trabajo y pagar a otras mujeres para que limpiaran sus casas.
            De igual modo que el cuidado de los niños, el cuidado de los enfermos y los ancianos ha sido ampliamente absorbido por el mercado en forma de hospitales, residencias y hospicios. Así el capitalismo distribuye el cuidado en si mismo, como cualquier otra cosa, de acuerdo con la riqueza en vez de en razón de la necesidad.

ASI EN EL TRABAJO…, COMO EN LA CASA.

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